Al margen del ingreso que uno perciba, hay ocasiones —a veces frecuentes— en las que el dinero queda corto para cubrir los gastos del mes o en las que es común sentir que se va como el agua entre los dedos. ¿Por qué esto es sintomático entre buena parte de la ciudadanía? Simple: porque muchos ignoran cómo administrar sus finanzas personales y cometen errores que terminan perjudicando su bolsillo.

El quid del asunto se resume en una palabra: disciplina. A ella se suma la mesura, virtud clave para no incurrir en consumos excesivos y desembolsos recurrentes que puedan hacer caer a una persona en una caótica situación financiera. En ese sentido, estos son seis errores frecuentes que se cometen al hacer uso de la billetera personal.

No hacer (o seguir) un presupuesto

Sea por cuestiones de dejadez o falta de planificación, un preocupante número de peruanos —especialmente jóvenes— no tiene el hábito de elaborar un presupuesto. O peor aún, si lo hacen, no lo siguen, “lo cual es peor, porque revela mayor desinterés, apatía”, dice el economista Jorge Gonzáles Izquierdo. Por ende, al no tener una proyección mensual de sus gastos fijos y variables, la persona se dedica a gastar indiscriminadamente hasta darse de bruces con el hecho de que sus ingresos no los cubren.

Para oscurecer más el panorama, Fernando Arrunátegui, presidente de Relaciones con el Consumidor de Asbanc, refiere que un estudio de la CAF sobre el hábito de hacer presupuestos, publicado a inicios del año pasado, revela que en el Perú el 48,4% de ciudadanos declaró elaborar un presupuesto, y de esa cifra, solo el 25,8% confesó seguirlo. Considerando que esa investigación incluyó también a Ecuador, Colombia y Bolivia, nuestro país se colocó en el último lugar.

Gastar más allá de tus posibilidades

“Esta es una práctica bastante común y nefasta, pues conduce al desbalance y desnuda un total descontrol de las finanzas”, sostiene Enrique Díaz, economista y docente. “Al gastar más allá de tu capacidad, estás llamando, atrayendo a las deudas”, añade. Allí es donde las tarjetas de crédito entran en escena, pues el dinero plástico sustituye al efectivo y muchos caen en la tentación de hacer compras o consumos innecesarios y fraccionan sus pagos en cuotas, lo cual acarrea intereses que a la larga se hacen altísimos. Como bien apunta Gonzáles Izquierdo, endeudarse por encima del 30% de los ingresos es un pecado.

Abusar de las tarjetas de crédito

Estrechamente vinculado con el punto anterior. El uso frecuente e irresponsable de las tarjetas de crédito reúne todos los requisitos para convertirse no solo en una peligrosa dependencia, sino en una práctica que tarde o temprano va a dinamitar las finanzas personales. De por sí, las tarjetas de crédito no son malas, “pero emplearlas para financiar compras en cuotas excesivas —sobre todo de bienes cuya utilidad se agota más rápido que el tiempo que toma pagarlos— resulta un despropósito.

No ahorrar

Expertos de todos los rincones del globo coinciden en que ahorrar es una práctica saludable. El inconveniente radica en que al gastar más de lo que se gana, no queda un excedente para destinarlo al ahorro. De ese modo, la persona que no cuenta con ese fondo no estará en capacidad de responder ante una emergencia de salud, por ejemplo, o ante un percance en casa que requiera de solución inmediata. “Si eres un ahorrador novato, lo ideal, como mínimo, es que el 8% o el 10% de tus ingresos vaya a tu cuenta de ahorros”, dice Arrunátegui. “Pero si no cuentas con un presupuesto, difícilmente podrás construir el hábito de ahorrar”, complementa Enrique Díaz.

No trazarse metas

Buena parte de las motivaciones que alimentan el deseo de ahorrar están asociadas a metas personales o familiares: estudios, viajes, la compra de un vehículo o de una vivienda, entre tantos otros proyectos que existen. Pero si no se ha trazado un objetivo, no habrá razón alguna para ahorrar. “Nadie guarda dinero por nada. Siempre hay una razón, un norte que respalda la construcción de ese fondo”, dice Arrunátegui.

No educarse financiariamente

Como apuntamos en el punto 1, la dejadez o la falta de interés en estos temas ha propiciado que un sector de la población ignore cuestiones básicas de finanzas personales. Pero no es complicado. De hecho, espacios como “Pregunta nomás” y “Zona Financiera” buscan acercar conceptos fundamentales a la ciudadanía empleando recursos amigables e incentivar a los usuarios a preguntar todo sobre los diversos productos financieros que les apetece contratar. La idea es que puedan tomar mejores decisiones y de esta manera promover un sector financiero informado.

Fuente: El Comercio

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