Emprender puede aparentar ser sinónimo de éxito, y prueba de ello son los continuos anuncios de start-ups que consiguen hitos importantes o que son vendidas por millones.

No obstante, poco eco se da a los obstáculos que estas empresas deben superar durante las diversas fases de su ciclo de vida, en especial aquellos que tienen implicaciones legales.

¿Cuáles son los errores legales más comunes que hay que tener en cuenta al emprender? La casuística es variada (¡cuántas veces me habré llevado las manos a la cabeza!), pero hay ciertos errores clásicos cuya prevención ayudará a los emprendedores. En particular, se debe tomar buena nota de los detallados a continuación.

Primero, la regulación. Las start-ups que pongan en marcha modelos de negocio disruptivos deben conocer el marco normativo y estar al tanto de los cambios legislativos y regulatorios de su sector (economía colaborativa, fintech, internet de las cosas…). No hacerlo puede llegar incluso a limitar su actividad (basta ver casos como Uber, EsLife y Airbnb).

Después, el pacto de socios. Establecer, ¡siempre por escrito! y desde el primer día, las reglas de juego que regularán las relaciones entre los distintos socios. Un buen pacto de socios resuelve tanto situaciones complicadas como conflictos internos, la salida de los emprendedores o qué sucede cuando se incumplen ciertos compromisos, como son los de permanencia, exclusividad y no competencia.

También, los contratos. Mucho cuidado con utilizar modelos descargados directamente de internet sin que sean revisados por un abogado especializado en la materia.

Luego, la propiedad intelectual. En muchos casos, la propiedad industrial e intelectual (patentes, creaciones, diseños, etcétera) es el único activo que supone una ventaja competitiva y por eso hay que protegerlo. Un caso muy habitual es contratar a un desarrollador sin firmar ningún tipo de acuerdo de confidencialidad y, al terminar su relación profesional con la start-up, reclamar como propia la autoría del software desarrollado.

Además, el equipo. No ser rigurosos a la hora de otorgar derechos económicos (phantom shares) u opciones de compra de acciones-participaciones (stock options) para retener talento, puede salir muy caro. Un caso sería conceder stock options a un empleado, poco tiempo después despedirlo y que este llegue a adquirir la condición de socio.

Por último, los inversores. No negociar bien las condiciones de entrada de un nuevo inversor puede llegar a ser lesivo para los intereses de los emprendedores y de la propia start-up. Hay que poner una atención especial al otorgar derechos de veto en los órganos sociales u otros, como la liquidación preferente que incide directamente, en caso de venta de la start-up, en la cuota que les corresponde a los socios.

Por todo lo anterior, es importante contar desde el inicio con un abogado especialista en start-ups. Su asesoramiento ayudará a prevenir muchos errores y a velar por la viabilidad jurídica del proyecto en todo momento.

Fuente: elperiodico.com

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